Trabajo investigativo sobre el Trabajo de José Martí en los Estados Unidos, su admiración por ese País lleno de prosperidad y libertades.
“Apóstol de la Independencia de Cuba, guía de los pueblos americanos y paladín de la dignidad humana, su genio literario rivaliza con su clarividencia política. Nació en La Habana el 28 de enero de 1853. Vivió quince años de su destierro en la ciudad de Nueva York. Murió en combate en Dos Ríos, provincia de Oriente, el 19 de mayo de 1895.” Las huellas martianas en Estados Unidos son evidentes. Queda la constancia de su largo peregrinar por Tampa, Cayo Hueso, San Agustín de la Florida, New Orleans… aunando voluntades y recursos en torno a la lucha por la independencia de Cuba. El restaurante Delmonico´s y la iglesia de la Trinidad en Nueva York – todavía en pie -, parecen preservar su espíritu indomable y la efervescencia propia de esos años en que fundó desde Estados Unidos el Partido Revolucionario Cubano y el periódico Patria, colaboró con las más importantes publicaciones locales y latinoamericanas, concibió La Edad de Oro para el público infantil y escribió inspirados poemas al estilo de los Versos sencillos e Ismaelillo. La vida de Martí en Nueva York fue breve e intensa: quince años seguidos, entre 1880 y 1895, aunque con múltiples viajes y residencias en Venezuela, el Caribe y el sur de la Florida, donde creó la base social del Partido Revolucionario Cubano con las comunidades de tabaqueros de la isla, exiliados en Tampa y Key West. Además de trabajar por la independencia de Cuba, Martí dedicó sus muchas energías intelectuales y políticas a defender a América Latina desde Nueva York, como prueban sus servicios consulares para Uruguay, Argentina y Paraguay, y sus colaboraciones tanto en publicaciones en inglés –The Hour, The Century, The Evening Post y The Sun– como en español –El Latinoamericano, La América y Patria, el periódico cubano que fundó y dirigió.
Cuando Martí vivió en Nueva York, la ciudad tenía una población menor al millón y medio de habitantes y crecía a un ritmo de 25% por década. No vivió el cubano el salto demográfico de principios del siglo XX, pero sí alcanzó a observar el crecimiento de las inmigraciones irlandesa, alemana, italiana, judía, china y polaca. Según los censos de la ciudad, hacia 1880 vivían en Nueva York unos 5,300 hispanos, de los cuales el grupo más numeroso era el cubano, con más de 2,000, seguido del español peninsular con poco más de 1,000. Solo 170 mexicanos vivían en la urbe.
Dedicó su vida a la liberación de Cuba de dominación colonial y a la prevención de la isla de caer bajo el control de cualquier país con ideologías políticas contrarias a los principios de libertad, independencia y autonomía. Con esos objetivos y la convicción de que la libertad del Caribe era crucial para la seguridad de América Latina y el equilibrio de poder en el mundo, dedicó su talento a delinear la estructura de una nación.
El alcance de su obra trascendió las fronteras de la gran Isla para proyectarse a nivel internacional. Fue un revolucionario, un guía y lo más importante, un mentor.
Haber vivido en “las entrañas del monstruo” fue verdaderamente inspirador para José Martí, lo que no destacan los medios oficialistas cubanos empeñados en hacer prevalecer absurdas ideas que han acomodado a su conveniencia.
La inmensa mayoría de sus ensayos, discursos y escritos periodísticos, fueron escritos en esta tierra que lo acogió, y le permitió ser reconocido como una de las figuras más influyentes de su tiempo, tanto en el terreno social y político, como en lo literario y lo filosófico. Aquí pasó la mayor parte de su vida, y lejos de haberse sentido deprimido, decepcionado y eclipsado, encontró el medio que le inspirara para entregarnos sus enseñanzas, llevadas a un nivel de perfección y a tan elevado sentido de profundidad como pocos en el mundo de las letras hispanoamericanas han podido hacerlo.
Que se refirió a un norte revuelto y brutal, a un monstruo, y a un sentido expansionista, es cierto: ocultarlo sería caer en el mismo plano de los comunistas cubanos; pero hacer una exaltación más allá del tiempo y lugar, esto es, sacarlo de su contextualidad histórica, constituye una tergiversación de la bendita enseñanza del Apóstol, lo que han estado haciendo aquellos que adueñándose de la palabra del más genuino de los cubanos de todos los tiempos le han manipulado, y lo peor, presentan esa imagen ante el mundo como si fuera la verdadera, a los que hemos de enfrentar agregando que también escribió que amaba a la patria de Lincoln, en la que desarrolló la mayor parte de su genial obra.
Luchaba y soñaba con su país libre del coloniaje de España y hoy colonizado por unos Dictadores.
Martí creía firmemente que la libertad y la justicia debían ser las piedras angulares de cualquier gobierno, no hay más que leer su obra. Nunca aceptó la limitación a la expansión natural del espíritu humano, porque en verdad creía que la redención del hombre vendría a través del amor y la razón. Sus escritos condenan todos los regímenes despóticos y las violaciones a los derechos humanos. Por esta razón el pensamiento de Martí, en toda su fuerza, es de la mayor importancia para la comunidad hispano-hablante en la actualidad.