El General Máximo Gómez tiene mucho que decirnos todavía. General Máximo Gómez. «El Generalísimo» Dominicano de nacimiento y Cubano de Corazón: En noviembre 18 de 1836 nació en Santo Domingo, República Dominicana Máximo Gómez, excelente militar y estratega de la Guerra de los Diez Años. Este General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra del 95, junto a Martí y Maceo protagonizó episodios memorables de la historia patria. Gómez falleció en Cuba, específicamente en La Habana. Firmante del Manifiesto de Montecristi,.En 1888 se estableció de nuevo en República Dominicana adonde acudió Martí en marzo de 1895 para firmar con Gómez el histórico Manifiesto de Montecristi, en el que los líderes dejaban expresa su ideología de independencia y de que la guerra no era contra los españoles, sino contra las autoridades coloniales de España en Cuba, para ingresar a Cuba en el concierto de las naciones libres e independientes. También se dejaba explícito el carácter popular y democrático de la lucha y de la República a ser fundada, una «República con todos y para el bien de todos», rechazando cualquier desviación o interpretación de la causa como guerra racial, pillaje o aventurerismo.En abril de 1895 (el 24 de febrero se había producido el alzamiento en Baire) llegaron Gómez y Martí a Cuba, desembarcando en Playitas de Cajobabo, costa sur de Guantánamo. En otra expedición arribaron a Cuba los hermanos Maceo por Duaba, cerca de Baracoa. Pocas semanas después, tras ser constituida la jerarquía militar del Ejército Libertador, con Gómez como General en Jefe y Antonio Maceo como Lugarteniente General, cayó Martí en Dos Ríos, con gran pesar de Gómez. A finales de ese mismo año comenzó la Invasión a Occidente, una ingente gesta militar libertadora librada por Gómez y Maceo desde Mangos de Baraguá hasta Mantua, donde llegó Maceo hacia octubre de 1896. La Invasión a Occidente fue llevada por una larga columna, cuyos mandos, de extrema flexibilidad y excelente coordinación, la fragmentaban para la guerra de guerrillas o para el combate campal, según las necesidades del momento.[cita requerida] La columna marchaba mandada por Maceo como su Lugarteniente y por Quintín Bandera como General de División de la infantería mambisa. Mientras Maceo avanzaba con Bandera más al oeste que Gómez, este llevó a cabo en Camagüey un movimiento constante alrededor de la capital provincial, llamada la «Campaña Circular», que sumó numerosos adeptos de la juventud camagüeyana.[cita requerida] Igualmente llevó a cabo una campaña en Las Villas, que esta vez sí fue coronada por el éxito. Anteriormente había sido herido en el cuello durante el primer cruce de la Trocha Militar de Júcaro a Morón (actual provincia de Ciego de Ávila), un sistema de cercas, puestos militares y fortines que los españoles habían declarado inexpugnable. Después de eso casi siempre usaba un pañuelo en el cuello, con el que lo pintaría el periodista norteamericano Grover Flint en varios de sus históricos bocetos. El Generalísimo se hizo célebre por la disciplina implacable que imprimió a sus tropas. Tanto sus soldados, como los prefectos mambises corruptos, conocieron penas de muerte por fusilamiento y/o la degradación. Para las indisciplinas menores, no relacionadas con cobardía, el cepo mambí o el paso a la impedimenta eran los castigos usuales. La cobardía, si no tenía consecuencias graves, era castigada con la obligación de avanzar en solitario hacia filas enemigas y procurarse una o más armas, un uniforme y parque.[cita requerida] Los robos o agresiones a campesinos eran castigados con el fusilamiento. Gómez entró en fuertes contradicciones con el Gobierno de Cuba en Armas presidido por Salvador Cisneros Betancourt por la concesión de grados militares a jóvenes de buena posición social que recién se unían a las filas mambisas. Fueron muchos los diplomas de nombramientos que rompió con sus manos, para después nombrarlos como soldados rasos y ubicarlos en sus filas. Con Gómez los grados tenían que ser ganados en combate. Ya en 1898 se trasladó a La Habana para la Quinta de los Molinos, donde fue recibido por una multitudinaria manifestación de simpatía. Al establecerse la Asamblea del Cerro como Gobierno Provisional, Gómez entró a formar parte de ella, pero se negó a dirigirla, alegando su carácter puramente militar y su condición de extranjero. Entró en contradicciones con varios de sus diputados, varios de los cuales militaban entre las filas de los reformistas y los autonomistas. A finales de 1898, Tomás Estrada Palma disuelve el Partido Revolucionario Cubano, y la Asamblea, preocupada por los acontecimientos, designó una comisión, encabezada por el General Calixto García, para que se trasladase a los Estados Unidos y, en trato con los dirigentes de este país, tratase de precisar el futuro de Cuba. Al conocerse la noticia, las masas populares realizaron manifestaciones de condena a la Asamblea del Cerro y de solidaridad con Gómez. Bajo las consignas “Abajo los Asambleistas” y “Viva Máximo Gómez”, durante tres días el pueblo desfiló ante la habanera Quinta de los Molinos en espontánea acción de agravio. En toda la isla se quemaron monigotes que representaban a los asambleístas, el 15 de marzo aparecieron fuertes críticas y burlas hacia los asambleístas en la prensa, a quienes el pueblo acusaba de ir hacia el abismo de la anexión. Días después de la destitución de Gómez, la Asamblea se disuelve bajo presiones populares, quedando el pueblo de Cuba sin representante ante las injerencias estadounidenses.El Generalísimo, mediante un manifiesto a la nación, expresó:…Extranjero como soy, no he venido a servir a este pueblo, ayudándole a defender su causa de justicia, como un soldado mercenario; y por eso desde que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó libre al cubano, volví la espada a la vaina, creyendo desde entonces terminada la misión que voluntariamente me impuse. Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo. El 2 de abril en carta abierta a su esposa, Bernarda Toro, Gómez expresa en relación con la situación del país:Los que esperan, están desesperados. Como yo no espero nada, estoy muy tranquilo con mi inesperada situación, descargado de toda responsabilidad y gozando del cariño de este pueblo que ahora más que nunca, me lo ha demostrado, comprometiendo, por modo tan elevado y sentido, mi gratitud eterna….La actitud del Gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos momentos históricos, no revela a mi juicio más que un gran negocio… Nada más racional y justo, que el dueño de una casa, sea el mismo que la va a vivir con su familia, el que la amueble y adorne a su satisfacción y gusto; y no que se vea obligado a seguir, contra su voluntad y gusto, las imposiciones del vecino. La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía.Cuando Don Tomás Estrada Palma decidió intentar la reelección presidencial inmediata, Máximo Gómez decidió iniciar una campaña contra la reelección a lo largo de todo el país. Una lesión en la mano se le infectó al saludar a miles de cubanos que le recibían en cada pueblo y le provocó septicemia. Su estado de salud comenzó a deteriorarse de manera acelerada, lo que obligó a su traslado inmediato a La Habana, en cuyo trayecto fue operado en dos ocasiones. Sin embargo, no pudo recuperarse.Gómez dedicó la mayor parte de su vida a su «querida y sufrida Cuba». Aunque fueron muchos los grandes patriotas cubanos, cuando se cita la trilogía de hombres fundamentales de la Guerra de Independencia, Máximo Gómez está junto a José Martí y Antonio Maceo.Cualquier homenaje no será suficiente a quien, según Jose Martí:»ha sabido ser grande en la guerra y digno en la paz». El 6 de marzo de 1878 se despide de la Isla:“Son las 6 de la tarde anota y vamos a perder a Cuba de vista, quizás para siempre. ¿Cuál será mi destino después, que he sufrido tanto y tanto en esa tierra en pos de la realización de un ideal que ha costado tanta sangre y tantas lágrimas? ¡Adiós Cuba, cuenta siempre conmigo mientras respire. Tú guardas las cenizas de mi Madre y de mis hijos y siempre te amaré y te serviré!” Desde enero de ese año, Bernarda Toro y tres de sus hijos lo esperan en Jamaica. Allí el Cónsul español les ha propuesto 24 onzas de oro, pero la esposa las rechaza con dignidad. El 11 de marzo por fin se reencuentra toda la familia, aunque buena parte de la emigración señala a Gómez como uno de los artífices del fin de la guerra y pocos le tienden la mano. En Haití a mediados de marzo arrienda “un pedazo de monte” y allí levanta su rancho. La situación económica no les favorece y el 15 de abril escribe en su diario una frase impactante: “nos estamos manteniendo casi con mangos”. Mientras trabaja de día, en las noches intenta escribir un folleto para ganar algún dinero, pero apenas puede comprar papel. Aun así, tiene la conciencia tranquila por no depender del oro español. En un encuentro con José Martí al hacerle saber que fue nombrado Delegado del Ejercito Libertador le dice José Martí: «No es un encuentro de cortesía. El Delegado le informa sobre el trabajo del partido y el deseo de nombrarlo General en Jefe del Ejército Libertador».Máximo Gómez a José Martí: » “Yo ofrezco a Ud. le dice en una carta, sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombre”. Cuentan que tras la firma del Zanjón, el capitán general Martínez Campos se acerco a Máximo Gómez y le dijo: “Pida general, que hombres como usted son los que necesita este país para levantarse de la ruina en que se encuentra”. El dominicano fue seco y tajante: “Las dádivas se piden a los amigos, y que yo sepa, entre usted y yo, nada. Ante la adversidad sólo le pido un barco que me deje en Jamaica. Así llegó el general al exilio, sin un peso en la bolsa. Para poder dar de comer a su familia tuvo que empeñar la guarda de plata de su machete. Mientras, los cubanos en Nueva York, lo difamaban y hacían correr la voz de que había aceptado una fortuna de Martínez Campos para dejar la guerra. Máximo Gómez era un hombre duro y poco dado a la lisonja. Hizo pocos amigos en la guerra y levantó animadversiones y envidias por juzgar en su justo valor a los que poco valían. Por eso sólo cinco delegados lo defendieron cuando la Asamblea del Cerro decidió despojarlo del cargo de general en jefe, e incluso un alto oficial del Ejército Libertador se ofreció “para fusilarlo”. En la casa donde falleció colocaron un busto suyo y luego la dejaron que se la tragara la miseria. La ingratitud de los cubanos aún sigue acompañando al viejo general Gómez. El 17 de junio se conmemoró un aniversario más de la muerte de Máximo Gómez Báez y muchos se olvidaron de él. Máximo Gómez: «Sólo puedo ofrecer el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”.
El General de Generales.
Publicado por Richard Schirrmann
Yo soy un Cubano que desde mi niñez sufrió bajo la Dictadura Cubana, yo y mi Familia fuimos reprimidos, ofendidos y tildados de "Contrarrevolucionarios", a mi Padre me lo quitaron a la edad de 7 años y lo desterraron hacia los Estados Unidos, conocí casi todas las Prisiones de Cuba por mi Padre que fue torturado y encarcelado muchos años en varias cárceles cubanas, a la edad de 24 años me decidí abandonar mi patria en busca de libertad y tener una vida segura y digna, hoy vivo en Alemania y me dedico a denunciar a la Dictadura Cubana por violaciones a los Derechos Humanos de mi pueblo, soy un activista defensor de los Derechos Humanos y mi mayor anhelo es poder ver un día a mi País libre de Dictadura, donde todos podamos vivir en paz y en familia, y tener un País libre, democrático y próspero para todos y el bien de todos como lo soñó José Martí, donde no haya más separación Familiar y se respete la dignidad humana. Ver más entradas